La salud femenina requiere ciertos cuidados a lo largo de la vida. Los cambios hormonales, una alimentación insuficiente, la falta de nutrientes o un entorno hostil pueden dejar a las mujeres propensas a enfermedades o a ciertos síntomas, como resequedad en la piel o uñas quebradizas, fatiga o cansancio, que no se solucionan simplemente con la hidratación de cremas, aceites hidratantes o un buen dormir.

Si bien el mercado ofrece variados productos cosméticos, es importante que también nos analicemos en cuanto a nuestro estilo de vida y alimentación, ya que tanto el aporte energético, como la belleza los podemos generar desde dentro.

Desde Nutrimarket, la nutricionista Catalina Widmer explica:

Por ejemplo, la caída del pelo puede verse asociada con deficiencia de hierro; las uñas quebradizas pueden estar relacionadas con la deficiencia de aminoácidos, ácidos grasos y vitaminas; y, de manera general, las heridas de difícil cicatrización, hiperpigmentación o palidez de la piel pueden ser un indicio claro de una alimentación insuficiente.

En la mujer adulta, hay dos etapas relevantes de poder analizar: los 30 y los 60 años. Huesos, energía, salud de la piel y cognición son distintos en cada generación.

En primer lugar, en las mujeres de 30 años un correcto cuidado de huesos y articulaciones se relacionan con una dieta equilibrada y actividad física regular.

Se ha visto que personas que fueron físicamente activas tienen una mejor salud ósea cuando son mayores. En el caso de las mujeres de 60 años, la salud de los huesos está relacionada al consumo de calcio durante la juventud, ya que a medida que envejecemos es mayor la pérdida de masa ósea. Además, la osteoporosis es especialmente frecuente en mujeres, debido a la caída de los estrógenos posterior a la menopausia, por esto debe existir una adecuada ingesta de Calcio y también de Vitamina D.

Respecto a la energía de las mujeres de 30, la especialista de NMK comenta:

Es frecuente encontrar mujeres con anemia en este grupo, ya sea por la menstruación o embarazo. Esto se traduce en menores niveles de energía y mayor agotamiento. Por esta razón, es importante chequear los niveles de Hierro y Vitamina B12. Mientras, en las mujeres de 60 años es frecuente que disminuya la ingesta de alimentos debido a que hay una disminución del apetito, por lo que ciertas deficiencias nutricionales pueden verse asociadas con cansancio y fatiga. Se recomienda monitorear los niveles de nutrientes en la sangre y corregir posibles deficiencias, ya sea a través de la dieta o por medio de la suplementación.

En el caso de los índices cognitivos, es habitual que las mujeres de 30 años estén trabajando o estudiando, por lo que se recomienda tener en cuenta las vitaminas del Complejo B, que «participan en la producción de energía y favorecen la concentración».

En cambio, «en los adultos mayores las vitaminas del Complejo B participan en la prevención o retraso del deterioro cognitivo, lo que se podría traducir en una mayor autonomía e independencia en este grupo etario», dice Catalina Widmer.

En cuanto a la salud de la piel, los niveles de Colágeno y Coenzima Q10 comienzan a disminuir a partir de los 25 años, y estos son esenciales para la elasticidad y cuidado de la piel. Por esta razón, a esta edad es posible retrasar la aparición de los signos del envejecimiento mediante el uso de cremas, factor solar y una adecuada ingesta de micronutrientes a través de la alimentación o con ayuda de suplementación e hidratación.

En la adultez post 60, por el contrario:

La piel lleva más años siendo expuesta a factores que promueven el envejecimiento (rayos UV, contaminación, estrés, entre otros) por lo que es necesario un correcto cuidado y mantención de la piel, por lo que se recomienda una alimentación equilibrada que permita obtener los micronutrientes necesarios.

En resumen, los requerimientos nutricionales de las mujeres apuntan a favorecer la vitalidad, prevenir enfermedades y deficiencias.

Por este motivo, se debe priorizar el consumo de vitaminas del Complejo B, debido a su participación en el metabolismo energético, funciones cognitivas y memoria.

A su vez, debido a los factores que promueven el envejecimiento, se recomienda la suplementación con vitaminas con función antioxidante como la E, C, Betacaroteno, Zinc y Coenzima Q10.

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