Un nuevo año, nuevos desafíos e incluso la planificación de las vacaciones pueden ser motivo de alteraciones en nuestro ánimo.

Si buscamos algunos responsables podemos encontrar a una hormona llamada cortisol que está ligada a la tensión, ansiedad, entre otros síntomas.

La Dra María Eugenia Merchán, Directora del Centro Médico de Especialidades Consulta en casa (@consultaencasa.cl) explica:

El cortisol, es una hormona que últimamente ha dado mucho de qué hablar y es porque desde que se ha popularizado su importante participación en el estrés ha sido la protagonista de muchas conversaciones, es muy común escuchar a personas en la calle diciendo “tengo mucho estrés, mi cortisol debe estar por el cielo”. Y si efectivamente el cortisol tiene una relación directa con el aumento del estrés.

La profesional continua:

Esta hormona se activa mediante señales nerviosas y hormonales y la liberamos como mecanismo de protección. Por ello, la liberación del cortisol sigue un ritmo circadiano, es decir, un ciclo de 24 horas que se incrementa durante el día, para estar alerta a posibles amenazas, y se reduce por las noches para poder descansar.

Es importante saber en qué funciones del organismo interviene el cortisol:

  • En el metabolismo de los carbohidratos, las grasas y las proteínas. O sea, que dependiendo de los niveles de cortisol es como tu cuerpo maneja el uso de todo lo que comes.
  • Regula los niveles de inflamación en tu cuerpo.
  • Controla tu presión sanguínea.
  • Equilibra los niveles de azúcar en la sangre (glucosa).
  • Controla tu ciclo de sueño y vigilia.
  • Eleva la energía para que puedas manejar el estrés.
  • Ayuda a equilibrar la sal y el agua del cuerpo.
  • Contribuye con la memoria y la concentración

Síntomas emocionales

  • Ansiedad
  • Trastornos del sueño
  • Intranquilidad
  • Sensación constante de estrés
  • Cambios en el comportamiento
  • Falta de sentido del humor
  • Irritabilidad constante
  • Sentimientos de ira
  • Ganas de llorar

Aunque el cortisol sea una hormona que se activa para protegernos de situaciones amenazantes, no significa que cuanto más cortisol tenga nuestro cuerpo mejor.

La Dra. María Eugenia Merchán (@dra.marutips) advierte:

A mayor nivel de cortisol las defensas bajan, lo que puede derivar en enfermedades respiratorias, alergias, enfermedades autoinmunes como el Lupus, entre otras. La digestión y la absorción de los alimentos se afectan cuando hay demasiado cortisol en sangre. Se produce indigestión, irritación e inflamación de la mucosa intestinal lo que podría ocasionar úlceras y colitis. El exceso de cortisol aumenta la presión arterial que puede tener como consecuencia, infartos y problemas cardiacos y cerebrovasculares. Cuando los niveles de cortisol suben se hace difícil conciliar el sueño y más aún lograr un sueño profundo. Se produce un ciclo vicioso que deriva en un deterioro mental, en falta de memoria y de concentración.

El estrés es una de las causas del sobrepeso, los altos niveles de cortisol en sangre y dentro de las células, ocasionan retención de grasa, sobre todo en el área del abdomen, y retención de líquido, mayores antojos por alimentos altos en azúcar, grasas y carbohidratos.

El desequilibrio de azúcar en la sangre crea un mecanismo que podría aumentar el riesgo de diabetes tipo 2.

El cortisol elevado podría ocasionar disfunción eréctil, así como la interrupción del ciclo ovulatorio y los ciclos menstruales.

Todo lo que sucede dentro de nuestro cuerpo, se refleja afuera, así que la piel se afecta y se produce un envejecimiento prematuro de las células, derivando en piel opaca o grasa, resequedad, descamación, problemas dermatológicos como herpes, psoriasis o acné, incluso en la edad madura.

El cortisol alto, provocado por el estrés continúo, también pudiera ocasionar el síndrome de fatiga crónica, trastornos de la tiroides, demencia, depresión y muchas otras afecciones.

Algunas de las recomendaciones desde @consutaencasa.cl para mantener en línea a esta hormona son:

  • Intentar dormir unas 8 horas al día sin despertares ni distracciones.
  • Realizar ejercicio con frecuencia.
  • Aprender a limitar el estrés y conductas que favorezcan estados estresados con terapia psicológica.
  • Mantener una alimentación saludable.
  • Hacer ejercicios de respiración profunda y otros métodos de relajación.
  • Sacar tiempo para realizar actividades lúdicas siempre que sea posible.
  • Mantener relaciones sanas en todos los entornos (romántico, familiar, laboral y más).

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