Por Daniela Toro
Psicóloga de Centro Clínico del Ánimo y la Ansiedad

En Chile, desde el 2006 que en junio se conmemora el día para visibilizar y prevenir el maltrato a los adultos mayores.

La instancia nació de una iniciativa de la Organización de Naciones Unidas (ONU) como el Día Mundial de toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez.

Vivimos en una sociedad donde la vejez tiende a ser visualizada como una etapa donde la persona es una carga o un coste y la asociamos a un periodo marcado por enfermedades, vulnerabilidad, fragilidad y deterioro.

De esta manera, se cosifica al adulto mayor al evaluarlo desde una perspectiva de «valor de mercado», que es susceptible de enfermedades degenerativas y no es productivo, como un objeto roto y viejo, con escaso valor social.

Se establece así un orden jerárquico donde los ancianos resultan quedar en el último lugar.

Cómo no tener esa mirada si somos una sociedad que se desvive buscando la eterna juventud, tratando de evadir el paso de los años porque no sentimos aprecio por dicho camino y asociamos lo viejo con algo feo e inútil.

En concreto, la cultura de lo desechable que persigue las tendencias y elimina lo viejo.

Estamos ciegos porque no vemos lo hermoso del tiempo y de los años, lo bello de la historia.

No apreciamos el valor de la vida humana en su ciclo completo donde cada etapa es singular y preciada. La vejez es mucho más una construcción social que una etapa biológica precisa.

Las diferentes culturas definen de manera diferente lo que es la vejez y su valoración también cambia de cultura en cultura, por ende, cada sociedad determina cuándo se es viejo y qué valor tiene esa etapa.

Los adultos mayores son esencialmente los transmisores de los valores culturales a otras generaciones.

Una sociedad que aprecia a los ancianos es una sociedad que se aprecia y también a su historia. El anciano es el portador de la memoria, la experiencia, sabiduría y tradición.

Si empezamos a valorar a las personas en por su experiencia y mirar a la vejez como una etapa que está llena de experiencias y conocimientos adquiridos, quizás sea más posible otorgarle el trato digno y respetuoso que merecen.

En palabras de Ernest Hemingway:

Temía hacerme viejo hasta que comprendí que día a día ganaba en sabiduría.

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