Por Dory Gascueña

Las huellas dactilares se han consolidado como el “código de barras” que identifica a cada uno de los individuos de la especie humana. Son la prueba forense más preciada para los criminólogos y se están convirtiendo en una herramienta cotidiana en la oficina e incluso en la pantalla de tu smartphone.

Huella dactilar
Huella dactilar

¿Por qué son tan singulares e irreemplazables las huellas dactilares? ¿Cuál es el secreto de esas peculiares marcas?

Sabemos que los patrones que dan lugar a las huellas dactilares son únicos para cada individuo desde hace más de 2.000 años, aunque solo llevamos 2 siglos estudiando el porqué.

¿Qué son las huellas dactilares o digitales?

Las huellas dactilares son los patrones o dibujos de las yemas de los dedos, aunque también existen en las palmas (palmetogramas) y en las plantas de los pies (pelmatogramas).

Las huellas dactilares son únicas en cada individuo, pero además son inmutables: permanecen inalterables desde que se forman en el feto y hasta la muerte, pues a pesar de los daños que pueda sufrir la piel, se regeneran siempre siguiendo el patrón original.

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Aunque están determinadas por la información genética de cada individuo, su desarrollo está influenciado por factores físicos (la ubicación exacta del feto en el útero, la densidad del líquido amniótico), por lo que ni siquiera en gemelos idénticos o en un clon (con el mismo ADN) las huellas dactilares de dos individuos pueden ser iguales.

Sin embargo, sí que existe la excepcional situación de las personas que nacen sin huellas dactilares, una condición que se conoce como adermatoglifia.

Huellas dactilares en otras especies

Muchas especies de primates (gorilas y chimpancés) y otros mamíferos como los koalas han desarrollado sus propias huellas dactilares, muy similares a las de los humanos.

Además, las cebras o los tigres tienen en los dibujos de su pelaje el equivalente a las huellas dactilares, pues los patrones que forman las rayas y las manchas son también únicos para cada individuo.

El caso de los koalas es especialmente llamativo, pues las huellas son sorprendentemente similares a las de los humanos, incluso más que las de nuestros “primos evolutivos”, los primates.

La presencia de estos dibujos en la piel del koala, un escalador marsupial, podrían explicarse por su interacción con la corteza de los árboles, dada su naturaleza trepadora, aunque todavía existen grandes incertidumbres respecto a su función, origen evolutivo y el porqué de las diferencias entre individuos.

¿Leer la mano tiene un trasfondo científico?

En muchas culturas, tradición y superstición han visto la palma de la mano como “el libro abierto” en el que leer los designios que el destino tiene preparados a cada individuo.

Aunque la ciencia no haya podido confirmar su valor informativo a futuro, sí que existen teorías que relacionan quién eres hoy con lo que “puede leerse” en tus huellas dactilares.

Los surcos de tus yemas podrían ser el espejo de los talentos innatos que te acompañan desde antes de nacer.

La piel es uno de los órganos más grandes del cuerpo y la genética (y sus condicionantes) está detrás de la formación de cada uno de nuestros órganos por lo que, hasta aquí, no es tan descabellado pensar que efectivamente tu piel, y en concreto las marcas de los dedos, palmas y plantas, pueden revelar información sobre ti.

Lo sorprendente viene cuando esa información no es puramente física o biológica, sino que tiene que ver con tu inteligencia y actividad cerebral.

Las huellas dactilares se forman a la vez que el neocórtex del cerebro, que controla emociones y capacidades cognitivas como concentración, memorización, habilidad para comportarse o gestionar problemas y que está claramente relacionado con la psicología.

De hecho, en los casos en los que se da la extraña condición por la que algunos niños nacen sin cerebro (anencefalia) tampoco tienen huellas dactilares.

Esta y otras claves del proceso de embriogénesis (formación de un organismo pluricelular a partir de un cigoto) prueban la conexión entre cerebro y huellas dactilares.

Dime qué patrón tienes y te diré qué te duele

Hay cuatro formas básicas para crear los patrones de las huellas dactilares: arcos, lazos, espirales y compuestos.

A través del estudio de las composiciones posibles se puede asociar la presencia de determinadas condiciones médicas con patrones específicos, es decir, asociar formas a enfermedades.

Varios estudios han demostrado que existen patrones comunes entre un grupo de personas que padece una misma enfermedad o condición médica.

Así se ha comprobado en el caso de defectos congénitos como el síndrome de Down, el de Klinefelter, la esquizofrenia o algunas enfermedades cardíacas.

Incluso dolencias o patologías más cotidianas, como la predisposición a sufrir caries, tienen una relación directa con los patrones de los dibujos de tus huellas dactilares.

¿Es posible diagnosticar una enfermedad a través de tu huella dactilar?

Tu género está en tus manos

Saber si una huella dactilar pertenece a un hombre o una mujer es posible gracias al potencial bioquímico de las muestras.

Es decir, los residuos que contiene una huella y que, gracias a la información química que aportan permitirían determinar el género del individuo al que pertenecen.

La clave está, según un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York, en los niveles de aminoácidos que contiene una determinada huella dactilar.

Más allá del género, los investigadores esperan desarrollar un método que permita determinar también la edad y la etnia, según declaraciones del doctor JanHalamek, uno de los autores del mencionado estudio.

¿Significa esto que podremos encontrar un código, además del que esconden las formas geométricas de nuestras huellas, en la información bioquímica que involuntariamente contienen?

Habilidad para los deportes

Nacer con un “don” para el deporte, o con una predisposición genética que facilite el desarrollo de determinadas capacidades deportivas, no es ninguna novedad para la ciencia. Sin embargo, las huellas dactilares podrían ser la clave para determinar esas capacidades incluso antes de nacer.

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Los dermatoglifos o figuras dermopapilares de nuestras yemas se forman, como explicamos anteriormente, durante el embarazo y están definidas por nuestra información genética.

En los años 60 del siglo pasado, la antigua Unión Soviética llevó a cabo una serie de estudios con el objetivo de seleccionar aquellos deportistas más eficaces para cada deporte según sus rasgos genéticos.

Entre otros métodos (al margen de las pruebas de ADN) se utilizó el análisis de los dermatoglifos (Morales, 2014).

En resumen, tus huellas dactilares revelan tu potencial neuromuscular y las condiciones genéticas que te hacen proclive a destacar en determinada actividad física.

Incluso existen estudios que asocian determinadas formas en dedos concretos de las manos a aptitudes específicas, como en el caso de la fuerza explosiva, que aumenta a medida que aumentan los dibujos del primer dedo derecho.

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